domingo, 2 de octubre de 2016

Anarquistas en el “corazón” de los Andes

Luis Velazco Aragón en una reunión sindical del Cusco, 1932. Foto de Martín Chambi.

“Hemos perdido la fe en las autoridades; porque nos han defraudado nuestras más supremas y encumbradas esperanzas de bien, justicia y progreso”.
Manifiesto de la raza indígena del Perú (1924)[1]

En el sur peruano ha existido una fuerte tendencia anticentralista, expresada en ideologías federalistas, autonomistas o incaístas a lo largo de nuestra historia republicana. En ese panorama, no resulta extraño que los ideales libertarios se hayan hecho visibles aquí recién en el siglo XXI. Podría pensarse que son resultado de los tiempos globales y el ambiente cosmopolita de la ciudad más turística del continente, pero si revisamos bien nuestra historia veremos que no son tan recientes como aparentan.
Los ideales libertarios aquí se vieron influidos por esos sentimientos y generaron anarquismos muy particulares, que valoraban el recuerdo del Tawantinsuyu y reivindicaban los derechos y el potencial de los pueblos indígenas. Cada región tuvo su matiz pero todos coordinaban entre sí y también con Lima y países vecinos, puesto que el anarquismo es apátrida.
Pero este movimiento, que creció con fuerza en esta región, no pudo competir con el marxismo, que encajaba mejor con la tradición vertical, caudillista y mesiánica existente. La historia oficial y la historia de la izquierda local (más la segunda) han borrado a los anarquistas sur peruanos de nuestra memoria. Trataremos de rastrear esta historia a partir de algunos personajes.

Cusco: Libertarios en tierra de incas
“La Acracia[2]  sin vacilaciones le digo. Es el ideal al cual se dirige la humanidad por diferentes vías. Solamente en él, el hombre será realmente feliz y realizará todas las aspiraciones por las que siempre han luchado y siguen luchando los hombres”.
Encino del Val (1930)[3]

El primer anarquista que llegó a Cusco fue Ángel Arnaldo Gasco, moqueguano que había viajado a Europa, donde al igual que Gonzales Prada, adquirió las ideas libertarias. Vuelto al país publicó el periódico El Cuzco (1892), órgano anticlerical que les valió la excomunión a él y sus colaboradores, entre los que se encontraba el joven Ángel Vega Enríquez, futuro mentor de los indigenistas[4]. En 1895, Gasco se unió a los pierolistas que participaron en la revolución de ese año.
En Cusco ya existían organizaciones obreras y la prédica de Gonzales Prada fue prontamente difundida, sumándose a la difusión solitaria de Ángel Gasco y Edmundo Vivanco Huamán[5], así, entre los jóvenes que protagonizan la huelga estudiantil de 1909, el anarquista Manuel Jesús Urbina lanzó el disparo que inició la toma de la universidad. Tras el cierre de esta, Urbina marchó a Arequipa donde se habría unido a los liberales y llegó a ser diputado por Huanta (1913-1928).
Esos años surgió el indigenismo, influenciado por Gonzales Prada y los anarquistas, como reconoce Luis E. Valcárcel en sus memorias. Pero serían estos indigenistas los que contribuyeron a que los anarquistas peruanos tomaran una posición reivindicativa de la cultura andina, cosa que se incrementó con las rebeliones indígenas. En esos años de lucha, en 1916 incluyeron a Gasco entre los candidatos municipales de una alianza antioligárquica. En 1919 cierta desavenencia lleva a un duelo entre Gasco y su sobrino Valcárcel, donde casi muere el primero. Esta experiencia tranquiliza un poco su vida agitada pero nunca deja sus ideales, que llegaron a influir en su sobrino.[6]
En los años 20, un grupo de jóvenes “gonzalespradistas” se sumará al indigenismo. Luis Velazco Aragón, Luis Yábar Palacios, Humberto Pacheco y Encino del Val fundaron el Centro Manuel González Prada (CMGP) y la sociedad artística Capa y Espada. Editaban sus periódicos y organizaron bibliotecas, algunos participaron en la UPGP, como Luis Villa. Pero el anarquismo también se instaló en artesanos como el dirigente Manuel Cuadros[7].
Velazco pronunció un famoso discurso contra el gobierno en 1923 (La verdad sobre el fango) que provocó la represión, luego integró el grupo Resurgimiento, junto a los principales indigenistas (Luis E. Valcárcel y Uriel García) y colaboró con el grupo Ande, primer grupo marxista del Cusco. Fue electo diputado independiente en 1931, pero pronto volvió al anarquismo. Las décadas siguientes fue un conocido orador y docente universitario, que continuó llamando a la lucha y la organización a obreros y campesinos[8]. Velazco también fue conocido como el “k’acha poeta” (poeta elegante).
Humberto Pacheco dirigió la revista Alma Quechua (1932-1936) en la que colaboraron Encino del Val, Arguedas y otros. Era abogado, periodista, escritor y agricultor. Fue un crítico de Mariátegui y una anécdota expresa su beligerancia: en el editorial del n° 84 de la Revista del Derecho, órgano del colegio de abogados, atacó frontalmente al colegio y al poder judicial, generando un escándalo en esa institución.
Erasmo Delgado Vivanco (Encino del Val), fundó una biblioteca anarquista en Cotabambas[9] y continuó publicando revistas en los años 30. Su hermano Miguel Ángel fundó una bilbioteca en Sicuani, que fue consultada por José María Arguedas, y quizás influyó en su formación heterodoxa, más identificado con lo indígena que con el marxismo[10]. En 1945 editó la revista El Ayllu, donde comenzó a escribir su hermano Edmundo Delgado Vivanco, importante estudioso de la cultura andina y heredero de esa tradición libertaria de su familia. Por esos años, el cantante chumbivilcano Pancho Gómez Negrón glosaba textos de Gonzales Prada en sus presentaciones.

Los proletarios libertarios de la ciudad Blanca

“Hemos visto que las promesas de una legislación obrera sólo han sido una gran lata para embrutecer al pueblo, el pobre pueblo compuesto por artesanos. Pues si esto es así, es llegada la hora que sólo confiemos en nuestros esfuerzos y en nuestra unión”.
Lázaro Zamudio (1906)[11]

En Arequipa, las ideas de Gonzales Prada prendieron en la Asociación Patriótica, que editó el periódico La Patria (1890-1900), en el que promovían la recuperación de Tacna y Arica, difundían las ideas de Gonzales Prada y el anticlericalismo, pero fue clausurado por el gobierno. En 1904 volvió a editarse pero como vocero del partido Unión Nacional.
En 1901, Mariano Lino Urquieta y Francisco Mostajo fundaron el Partido Independiente y editaron el periódico El Ariete, en el que combinaban liberalismo con anarquismo.[12] En este grupo participaron estudiantes puneños como Telésforo Catacora y Francisco Chuquihuanca Ayulo, futuros indigenistas de su departamento. Este contacto debió contribuir a la influencia indigenista que tuvieron algunos liberales arequipeños. En 1903 se integraron al Partido Liberal Peruano y a partir de 1911 comenzaron a alejarse del anarquismo[13].
En 1902 se produjo la primera huelga en Mollendo, donde la represión causó 3 muertos, declarados mártires obreros arequipeños. El carpintero Santiago Mostajo (padre de Francisco) había organizado a los artesanos desde 1883, en 1905 fundó el Centro Social Obrero, de clara tendencia libertaria. Esta organización celebró por primera vez el 1 de mayo al año siguiente. En 1907 se produjo la primera huelga universitaria y en la juventud se difundieron las ideas anticlericales y anarquistas.
Desde 1918, Miguel Ángel Urquieta (hijo de Mariano) editó el periódico libertario La Semana, que circuló hasta 1924, cuando Urquieta fue deportado a Bolivia, donde continuó su activismo anarquista. Otros medios como El Cartel y Humanidad continuaron su senda. Un grupo denominado Anarkos publicó un manifiesto dadá en 1925.
Pero fuera de estos escritores, también se organizó un grupo integrado por varios artesanos entre los que estaba el viejo peluquero Antonio del Carpio, que intentaba contagiar el anarquismo en todos sus clientes. Sus esfuerzos triunfaron con la creación de la Federación Obrera Local de Arequipa (FOLA) en 1926. El año siguiente el grupo inicial se denominó Grupo Rojo, pero algunos integrantes del grupo se unieron a la primera célula comunista de Arequipa (1929) que trabajó por desplazar las ideas libertarias y liberales[14].
Mientras tanto, el régimen de Leguía fue derrocado por una rebelión militar que se inició en Arequipa. En este proceso destacó el Partido Descentralista que puso a sus líderes en la junta de gobierno. Las elecciones de 1931 dieron por ganador al general Luis Sánchez Cerro (quien había depuesto a Leguía) y aumentó la represión, en 1931 clausuró la FOLA. Se organizó la Unión Sindical Obrera de Arequipa (USOA) que intentó conducir la huelga del ferrocarril en 1934, pero los obreros la rechazaron por ser una organización política. La huelga fue grande  y tuvo mucho apoyo, pero se prolongó mucho y se tornó violenta, finalmente negociaron y levantaron la medida sin un triunfo claro. Los comunistas acusaron de esto al Apra y a los rezagos anarquistas.

Puno y el indigenismo libertario

“Estos llanos del Titikaka engendran buen número de anarquistas. Pero que todo ello cuaje en beneficio de una revolución humana, pues no hay que olvidar que cuando se nace en tierra israelita ha de ser para expandir sobre el planeta un nuevo concepto de justicia y ya no de moral sino biológico”.
Gamaliel Churata[15]

En el caso puneño, el anarquismo llegó con los que iban a estudiar a la universidad de Arequipa. Entre estos, Telésforo Catacora se integró al grupo de Urquieta y Mostajo, al volver a Puno fundó la Escuela de Perfección (1903), dedicada a artesanos e indígenas, de tendencia anticlerical y anarquista, que fue clausurada por el gobierno al año siguiente, poco después falleció Catacora. Allí había colaborado José Antonio Encinas, importante pedagogo que educó a varios intelectuales y escritores puneños. Encinas se declaraba anarquista.
La influencia de esas ideas llegó también con el Sargento Teodomiro Gutiérrez Cuevas, integrante de la Asociación Pro Indígena de Lima y delegado por el gobierno de Billinghurst para investigar los abusos de los gamonales en Azángaro, allí se puso del lado de los indígenas y tuvo que huir por la persecución de las autoridades luego del golpe militar de 1914. Se dice que marchó a Bolivia y Argentina, donde asumió la posición anarquista y volvió al año siguiente para liderar un levantamiento indígena con el nombre de Rumi Maki (mano de piedra), que pretendía restaurar el Tawantinsuyu. Derrotado huyó del país y no se sabe más de él, aunque su leyenda creció por todo el Perú.
En 1914, el tipógrafo Eduardo Fournier (hijo de un francés) inicia la publicación de La voz del obrero, órgano anarquista en el que escribían obreros. En su imprenta también se publicaron otras revistas y Fournier se convirtió en guía de los futuros escritores indigenistas Gamaliel Churata, Aurelio Martínez y Alejandro Peralta. Su periódico se editó hasta 1930.
En 1914 también había vuelto de Arequipa el joven abogado Ezequiel Urviola, natural de Muñani (Azángaro). Fundó la Asociación Agitadora ProPuno con otros indigenistas y ejerció la docencia en Juli, también se unió al grupo cultural Bohemia Andina (de los hermanos Peralta). En una obra teatral de 1918 representó a un indio oprimido por un gamonal, haberse vestido de indio le inspiró para vestir así en adelante, abandonando el derecho. Entonces se dedicó a apoyar las protestas campesinas del norte de Puno, acompañando en la organización y ayudando a redactar documentos, sus memoriales se difundieron a nivel nacional y Urviola participó activamente en los congresos indígenas y anarquistas de esos años. Con una vida tan agitada contrajo tuberculosis y murió en 1925.
En el funeral de Urviola una multitud llevaba más de 30 banderas rojas y anarquistas entonando la internacional. Todos los periódicos anarquistas y contestatarios le rindieron homenajes y se dice que su funeral fue atacado por la policía, que se robó su cadáver.[16] Otro dirigente indígena fue Hipólito Salazar, que participó del Comité Pro Derecho Indígena Tahuantinsuyo, pero la dependencia de esta organización al Estado, le hicieron fundar la Federación Indígena Obrera Regional del Perú en 1923, que intentó fortalecer las luchas indígenas, pero Salazár fue deportado por el gobierno en 1926[17].
El impulsador del grupo Bohemia Andina fue Arturo Peralta, apodado Gamaliel, quien representó el papel del gamonal en la obra en que también actuó Urviola. Trabajó como tipógrafo en la imprenta de Fournier, en 1917 estuvo en Potosí (Bolivia), donde fundó el grupo literario Gesta Bárbara junto a Carlos Medinaceli. Retornó a Puno al año con el nombre de Gamaliel Churata. En 1926 fundó el grupo literario Orkopata que editó el Boletín Titikaka, liderando el indigenismo literario. Por su militancia anarquista fue deportado a La Paz en 1932, donde vivió escribiendo en algunos periódicos[18].

Ser libertario en tiempos “rojos”

“las izquierdas se aprietan – las derechas se blindan
los revolucionarios encuentran serios motivos de discrepancia
-          grandes asambleas exponen que el partido no tolerará la presencia de lesbianas”.
Ana Bertha Vizcarra[19]

A diferencia del norte, donde los anarquistas fueron desplazados por el Apra, en el sur fue más bien el comunismo. El Partido Comunista absorbió los grupos ya existentes en Cusco y Arequipa. En Cusco el primer promotor de ideas marxistas fue Roberto Latorre desde la revista Kosko, en 1928 los del grupo Ande organizaron la primera célula comunista, sin invitar a Latorre, Valcárcel y Uriel García, por su cercanía con los anarquistas. En Arequipa, la célula fundada en 1929 logró convencer a varios anarquistas, incluido el hijo de Antonio del Carpio. En 1931 el PC lanzó la candidatura presidencial del indígena puneño Eduardo Quispe Quispe.
Pero hasta mediados de siglo, el comunismo seguía siendo un movimiento de estudiantes e intelectuales, que competían con sus similares apristas o anarquistas. A fines de los 50 se crearon la FDTC (Cusco) y la FDTA (Arequipa) como filiales de la CGTP, el marxismo (en su versión estalinista) se convirtió en ideología dominante del sindicalismo. Nació el epíteto de “Cusco Rojo”, donde en 1961 los campesinos de la provincia de La Convención tomaron las haciendas y se inició la primera reforma agraria del país, bajo el liderazgo de Hugo Blanco, un troskysta (marxismo crítico al estalinismo) que se indianizó como antes lo hiciera Urviola. Pero la influencia de la revolución cubana (1959) hizo que muchos comunistas prefirieran seguir el modelo “guevarista” organizando guerrillas en La Convención (1965) y otros lugares, que fueron rápidamente masacradas por el ejército.
Los movimientos sociales fueron copados por facciones marxistas: estalinismo, maoísmo, guevarismo. En ese panorama, ¿qué fue de los anarquistas? Ángel Gasco se suicidó después de 1934. Miguel Urquieta fue electo diputado en 1939[20]. Algunos se mantuvieron solitariamente, como Gamaliel Churata en su larga estadía en La Paz y su retorno al Perú (1964), hasta su fallecimiento.[21] Antiguos dirigentes sindicales que se mantenían libertarios, vivieron con el recuerdo de las luchas pasadas, pero sin ser tomados en cuenta por los jóvenes y soberbios comunistas. Estos anarquistas son difíciles de rastrear, obreros y trabajadores como uno que conocí en mi niñez, apodado el “Chachay”, que con edad avanzada, tenía una tiendita y cuentan que por las tardes, luego de tomar algo de chicha, se ponía a discursar sobre política.
Una anécdota de fines de los 60 ilustra la época: dos jóvenes escritores andaban con la novedad de ser anarquistas, hasta que un compañero respetado les dio a leer un libro sobre anarquismo escrito por Stalin[22]. Así, la versión más difundida sobre el anarquismo era la opinión del máximo representante del totalitarismo soviético. En los años 70 en Cusco, el grupo Llaqta, encabezado por Pablo Ojeda, exigía a sus miembros no militar en ningún partido y realizaban acciones culturales y periodísticas en medios autogestionados y en plazas públicas. Estaban aplicando principios libertarios aunque ideológicamente se definían marxistas; contradicciones de la época.

Un Quijote ácrata

“Pero lo básico e inicial es la constitución de grupos libres, autónomos, con declaraciones de principios suscrito, grupos en que cada uno deberá ejercer todos los días una función, acción y autocontrol. Luego estos grupos se enlazarán libremente”.
Agustín Candía (2007)[23]

En 1975 llegó al Cusco Agustín Candía, que había ido a estudiar al Brasil pero retornó anarquista. Participaba en medios de comunicación con análisis de política internacional y en los ochentas editó el periódico autogestionado Movimiento, que se decía órgano del Movimiento Anarquista Peruano (MAP). Difundió las ideas libertarias a contracorriente, llegando a ser excesivamente crítico con los marxistas, actitud que terminó aislándolo, pues en un tiempo en que todo era marxista, cualquiera que criticara a Cuba o China era tildado de “revisionista” o “reaccionario”. Tomemos en cuenta el contexto: en los 80 Sendero Luminoso fue contenido por los comunistas y las rondas, en el caso de Puno los campesinos apoyados por el PUM[24] tomaron tierras enfrentando al Estado y a Sendero (los jóvenes de esos años participarían en los movimientos indígenas 20 años después).
Candía no sólo fue quijotesto en su batalla contra los enormes molinos del Cusco rojo, sino porque al igual que ese personaje literario, vivió una vida de otro tiempo, actuando como los “profetas” anarquistas de 80 años atrás. En ese lapso vio derrumbarse a la izquierda marxista y el resurgir del anarquismo en la movida contracultural. En el número 77 de Movimiento (enero 2007) hace un llamado a la organización de una federación anarquista que agrupe a todos los colectivos libertarios del país. Los últimos años Movimiento se convirtió en una pequeña hoja en la que desarrollaba críticas a los gobiernos progresistas, la nueva moda del reformismo. Finalmente falleció el 2013, sin que la gente se enterara del hecho, a pesar de la existencia de jóvenes anarquistas que conocían su historia, pero a quienes no había logrado relacionarse orgánicamente.
Será trabajo posterior rastrear a personajes similares, no tan quijotescos ni enervados, pero que asumieron el anarquismo como un acto solitario, mayormente cultural. El nuevo siglo trajo los ideales libertarios de la mano del zapatismo y los valores indígenas. Colectivos mayormente contraculturales, pequeños, locales, recogen el masivo rechazo a la política tradicional pero no logran convencer a la población movilizada de que hay otro camino fuera de la política partidaria y electoral. Podemos mencionar a Amor y Odio en Arequipa, Waynaroqe en Juliaca o el Muro en Cusco, sólo por citar unos nombres.




[1] Tomado de: Bailar la historia, Yazmín López Lenci. Revista del Instituto Americano de Arte N° 18, Cusco, 2011, pp 320. Firman el documento: Ezequiel Urviola y 12 indígenas.
[2] Acracia = ausencia de gobierno, otro sinónimo de anarquía.
[3] Tomado de: Wilfreo Kapsoli, Ayllus del sol, Lima, Tarea, 1984.
[4] Luis Ángel Aragón, Historia del periodismo cusqueño, Cusco, 1983.
[5] María Olinda Escalante Gutiérrez. Las orientaciones ideológicas y políticas en el movimiento sindical cusqueño.  En Selección de sus obras escritas. Cusco, 2006, pp49.
[6] Memorias de Luis E. Valcárcel, Lima, IEP, 1981.
[7] Kamilo Ayahuaira. El anarcosindicalismo en el Perú, 1905-1930. María Olinda Escalante Selección de sus obras escritas. Cusco, 2006, pp47-50.
[8] Varios datos sobre Velazco Aragón me fueron proporcionadas por Renzo Forero.
[9] Que años después todavía llegó a ser vista por el dirigente troskysta Hugo Blanco.
[10] Ver Unión Socialista Libertaria, José María Arguedas y el socialismo libertario, Lima, 2011.
[11] Homenaje del 1 de mayo del Centro Social Obrero de Arequipa.
[12] Similitud que comparten con el Partido Liberal Mexicano de Flores Magón en la misma época, pero mientras este avanzó al anarquismo, el de Arequipa marchó más al liberalismo.
[13] Hinnerk Onken. El movimiento de los Liberal-Independientes en Arequipa a comienzos del siglo XX. En Culturas políticas en la región andina, Madrid, Iberoaméricana / Vervuert 2011, pp 155-172.
[14] Francisco del Carpio. Arequipa y el partido comunista. El jornal de Arequipa.
[15] "El Gamonal y otros relatos", Gamaliel Churata, págs. 9-24, Editorial Korekhenke (abril, 2013). Originalmente publicada en revista Amauta N° 5.
[16] Datos de: Bailar la historia, Yazmín López Lenci, en Revista del Instituto Americano de Arte N° 18, Cusco, 2011, pp 309-346. Y otros.
[17] Ayllus del Sol. Ob cit.
[18] David Frisancho Pineda. Gamaliel Churata y El pez de oro, diario de su frustración. Churata vio morir a sus dos hijos y su esposa antes de fundar Orkopata, dolor que lo acompañó siempre, se volvió a casar con la escritora cusqueña Rosa Rivero, feminista y comunista, pero el matrimonio no prosperó.
[19] Notas históricas. Poema publicado en Revista siete culebras N° 4, Cusco, 1993, pp 16. Vizcarra es una poeta de la generación del 70, sin filiación política.
[20] Había retornado a Arequipa en 1932.
[21] Fournier murió en 1957, José Antonio Encinas en 1958, Humberto Pacheco en 1961, Velazco Aragón en 1968 y Gamaliel Churata en 1969; viendo a los jóvenes sumarse al socialismo autoritario.
[22] Anécdota relatada por la escritora cusqueña Emperatriz Escalante Gutiérrez.
[23] Por la organización en una federación anarquista de todos los anarquistas del Perú. En Movimiento N° 77. Sin firma, pero sabemos que el autor es Agustín Candía.
[24] Partido Unificado Mariateguista, su apoyo fue más nominal que activo, pero fue importante.

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